No se si fue tu pelo, negro raso
enredado en mis manos al descuido,
o el ligero escote del vestido,
o mi piel palpitando por tu abrazo.
No se si conspiraron los azahares,
que endulzaban el aire de verano,
o ese cielo de silencio arcano
que opacó las lumbreras estelares...
Y te robé la boca que anhelante
se ofrecía aturdida y temblorosa
a mis medrosos labios vacilantes.
¡Yo te bese una noche esplendorosa
con un amor sincero y desbordante
que matizó tu piel de grana y rosas!
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